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abril 9, 2015 6 min para leer

La economía es un laberinto

Categoría : Economía

-Y eso puede ser problemático. Por lo menos para los economistas. Y precisamente lo es por una idea que peligrosamente nos implantan a todos en el primer semestre de nuestras carreras; el mundo es complicado, pero podemos simplificarlo y expresarlo en términos de variables ‘manejables’ para entender lo fundamental. Y lo cierto es que esto nos deja la imagen más falaz e incorrecta de los seres humanos: Que lo sabemos todo y que somos infalibles.

No me malentiendan, como tal yo creo que la profesión con sus ventajas y lastres tiene mucho por (auto)reflexionar. ¿Saben por qué? Porque lamentablemente muchos economistas se empiezan a parecer a los sujetos que forman parte de sus modelos; y peor aún, se lo creen. Los economistas somos gente bastante rara, nos encanta discutir entre nosotros y cuanta más jerga y términos complicados podamos usar, mejor. Nos enseñan que debemos seguir el método científico y que nuestra máxima aspiración es ser como físicos o químicos analizando el universo, las fuerzas y la materia que lo componen.

Y si bien, como tal; somos una ciencia, parece que se nos ha olvidado un axioma fundamental. Los hombres podemos equivocarnos y esta es la única forma de verdaderamente construir conocimiento, revisando una y otra vez nuestros resultados e hipótesis y nunca dar por sentado que nuestros hallazgos están escritos en piedra. Pero hay un ‘inconveniente’ adicional con el que los economistas debemos lidiar y es que nuestro campo de estudio inevitablemente debe llegar al análisis de la mente humana y la toma de decisiones. ¿Puede haber algo más bello y complicado con lo que trabajar? No creo. Porque la mente humana, así como la economía, es un laberinto.

 Lamentablemente muchos economistas se empiezan a parecer a los sujetos que forman parte de sus modelos; y peor aún, se lo creen.

Y la verdad pienso que el problema radica en la forma en que nos aproximamos a la disciplina. Hemos acostumbrado a vernos (por vanidad o por presión) como los magos con todos los trucos y las respuestas, y en eso hemos convertido a la economía; le mostramos al público un objeto y luego lo hacemos desaparecer ante sus ojos. Si bien creo que nadie completamente asimile que “tengamos poderes mágicos”, la gente puede vivir tranquila sin que le revelemos nuestros secretos de cómo hacer el truco, o por lo menos eso creemos. Así pues sabemos qué es lo mejor para el consumidor, para un país; o bien logramos entender la serie de medidas perfectas para repeler la crisis o lo necesario para salir de ella.

Nos hemos creído el cuento, nos sentimos en capacidad de medir deseos y aspiraciones en términos econométricos, con modelos muy impecables y se nos ha olvidado para qué estamos acá. ¿Estamos para crear ideales imposibles y facilitar nuestro estudio o para entender el comportamiento de los individuos en el mundo real? Hemos subestimado a nuestro sujeto de estudio, les hemos quitado tantas cualidades a las personas que ya ni sabemos cómo se comportan.

Pienso que esta realización será muy útil para el futuro de la economía porque hará que nos enfoquemos en crear herramientas aptas para un análisis certero de la realidad y zanjemos de una vez por todas los debates metodológicos y nos concentremos en entender un mundo dinámico, susceptible al cambio en unas situaciones y extremadamente reticente a cambiar en otras. Porque así se nos olvide de vez en cuando somos las personas las que componemos la economía, porque esta última es orgánica, nos comprende a todos; con nuestros temores y certezas, nuestros complejos y deseos. Esa es la economía.

La economía es un laberinto porque necesitamos interactuar para salir de él. Parece elemental, es imposible salir del laberinto si nos quedamos sentados en cualquier lugar. ¿Pero saben qué? Si alguien quiere quedarse sentado y no hacer nada, ¿Quién soy yo para culparlo? Al fin y al cabo así son la mayoría de mis domingos. Lo importante aquí es que algunos tienen mejor sentido de la orientación que otros, así pues los emprendedores puedan moverse con mayor facilidad y el resto de los mortales (?) quizá los sigamos por su talento natural. Pero cuidado ¡Ellos también pueden equivocarse! Y está bien. Quienes alguna vez hayan estado dentro de un laberinto, saben que es bastante difícil orientarse y salir de ahí en el primer intento.

Nos hemos creído el cuento, nos sentimos en capacidad de medir deseos y aspiraciones en términos econométricos, con modelos muy impecables y se nos ha olvidado para qué estamos acá.

La metáfora sirve en varios sentidos. Si bien mi idea es expresar que la mayoría de la economía es una serie de interacciones complejas y decisiones, es también una base de conocimiento en constante crecimiento y evaluación con métodos de aprendizaje diversos y con un orden espontáneo en el cual todos participamos, y contribuimos a formar. La complejidad de la economía no debería asustarnos en lo más mínimo. Es más, creo que sería extremadamente útil que se aceptara como tal desde un primer momento. De esa forma no continuaremos mintiéndonos y descubriendo que lo que vamos aprendiendo tiene poca o nula aplicación en el mundo real.

Los economistas, algunos por lo menos, han pecado de vanidosos y se creen dueños de la verdad revelada sobre cómo moldear y modelar el comportamiento humano. Y en varios casos han encontrado que sus expectativas sobre los consumidores no se cumplían en el mundo real. ¿Por qué? Porque los consumidores viven en el mundo real y no en un modelo. Los economistas, así no quieran creerlo, también viven en el mundo real. Yo por eso creo que afuera de la academia, los podios, los libros, y las entrevistas viven y actúan en el mundo real. Si así no fuera, en los supermercados encontraríamos siempre a microeconomistas y econometristas tratando de conciliar cálculos eternamente y poder hacer sus compras. Yo pienso que la economía tiene la tarea de entender el mundo real, y no tengo problema en decirlo. Nos hemos mentido mentido por mucho tiempo. Por eso yo, como muchos otros economistas, me demoro quince minutos en el supermercado y no ando deambulando eternamente en los corredores calculando las infinitas combinaciones posibles. No. Me rehúso a creer que el modelo se haya tornado tan importante que un economista modelo piense que es imposible hacer las compras en quince minutos.

¿Pero qué sé yo? Al fin y al cabo puedo decir, como muchos otros economistas, que me encuentro en constante estado de ignorancia sobre todas las condiciones, la información y las certezas. No puedo conocer todas las aristas, vértices, planos y callejones sin salida que componen este laberinto. Nadie puede, porque somos humanos; complejos, ignorantes y falibles. Por eso me encanta tanto la economía.

 


Imagen: Hedge maze from The Shining -CharethCutestory | Reddit

 

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Comentarios (2)

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    ResponderSergio Andrés abril 9, 2015

    Siempre he pensado lo mismo. Mucho antes de conocer la Escuela Austriaca, siempre fuí muy esceptico de los alcances de las fínisimas mentes de los economistas. Nunca pude aceptar que pudieramos modelar la realidad con tan pulcros modelos, ni que la misma tuviera tan pocas variables. Nunca pude aceptar el concepto de los multiplicadores keynesianos, ni de la posibilidad de bajar artificialmente las tasas de interés. Nunca creí que el capitalismo fuera malo y tampoco di por ciertas las famosas fallas del mercado.Los economistas tenemos más dificultades que otros profesionales por el positivismo en la economía. No en vano, hemos lanzado a muchos jóvenes a la izquierda.Buena entrada :)

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      ResponderAndres Jimenez abril 9, 2015

      Tienes razón, las dificultades del objeto y el método de estudio de la economía son bastante 'sui generis' por decir lo menos. Sería un trabajo interesante poder trabajar en una especie de "Filosofía (de la Ciencia) de la Economía". A lo que nos enfrentamos los economistas es bastante difícil de explicar, esa agregación y modelación irreal no es simplemente por diversión, termina afectando la vida de las personas.

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