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abril 23, 2015 23 min para leer

Sobre el individuo y la decisión

Categoría : Economía

Una de las preguntas que surge para un espectador pasivo respecto a la economía es, ¿Por qué hay tantos desacuerdos entre los economistas? Y es una excelente pregunta. Muchas personas consideran a la economía como una ciencia con respuestas absolutas, que podría ser comparada con la física o la química y como tal debería ser posible identificar patrones y predecir resultados basándonos en hipótesis generadas mediante el método científico. En mi opinión esta concepción puede ser un tanto engañosa. Si hay algo que debemos entender de la ‘naturaleza científica’ de la economía, por lo menos desde una perspectiva austriaca, es que por el mismo objeto de estudio de esta disciplina es prácticamente imposible obtener respuestas absolutas, y es verdaderamente caprichoso pretender conseguirlas.

Ahora bien, ¿Cuál es el objeto de estudio de la economía, y qué hace que sea tan difícil estudiarlo? La respuesta es bastante simple, quién sino tú. Tú eres el objeto de estudio de la economía. Y aunque pudiera parecer que tengo un exceso de confianza me parece que esta afirmación es extremadamente poderosa para ilustrar la naturaleza del estudio de la economía. La economía como ciencia, si se quiere, pretende estudiarte; si estudiarte a ti cómo persona. Pero no solo se interesa en ti, busca entender cómo las personas se comportan en ciertas situaciones. Si acotamos estas situaciones que pretendemos analizar podemos “separarnos” de otras ciencias cuyo objeto de estudio son las personas; cómo la Filosofía, la Ciencia Política o la Psicología.

Entonces podríamos decir que las situaciones que buscamos entender en la economía son precisamente aquellas en las que las personas deben tomar decisiones, y esas decisiones en muchos casos podrían catalogarse como ‘decisiones materiales’. Con esto quiero decir que a diferencia de las ciencias mencionadas anteriormente la economía en particular debe lidiar con dos mundos: el mundo de la mente humana y el mundo físico, cada uno con sus respectivas dificultades para su análisis. Entonces, el economista en ciertas ocasiones podría describirse como un ‘barman’; debe conocer lo suficiente respecto de la mente humana para entender los problemas de sus aquejados clientes y debe conocer lo suficiente sobre el mundo físico para saber qué cantidades de licor darles para ‘resolver sus problemas’. Esta comparación del economista con un ‘barman’ puede ser un poco burda, algo innovadora si me preguntan, pero ilustra claramente la naturaleza del estudio de la economía. Es un estudio que mezcla lo mejor de dos mundos, los economistas debemos entender los procesos de toma de decisiones, algo sumamente abstracto y sumido en los confines de la mente humana, y debemos entender cómo los recursos físicos moldean esas situaciones. En este artículo nos vamos a enfocar más en el primero de los mundos, el de la mente humana.

Un pequeño aparte antes de seguir, y que prefiero decantar en el primer artículo de la serie. En el idioma español o castellano tenemos una leve desventaja. Nuestros términos para describir el estudio de las dinámicas de interacción y toma de decisiones de las personas y el tejido orgánico producto de dichas relaciones son los mismos. En inglés, por ejemplo, el estudio se lo conoce como ‘economics’ y al tejido orgánico se lo denomina ‘economy’; nosotros los hispanoparlantes recurrimos al mismo nombre: ‘economía’. Hablamos de la economía cómo el estudio de las dinámicas en la maximización de recursos para satisfacer nuestras necesidades, y hablamos de economía para referirnos a las estructuras de producción y consumo. No hacemos distinción entre el primer concepto y el segundo, hablamos indistintamente de ‘economía’ y eso puede ser confuso por momentos. Así que en algunas ocasiones me referiré al ‘primer tipo de economía’ como el “estudio de la economía” y al ‘segundo tipo’ simplemente cómo economía.

Muchos quizás habrán escuchado la ‘definición clásica’ del estudio de la economía. Es la que dice que “es la ciencia dedicada al estudio de la toma de decisiones en condiciones de escasez para satisfacer necesidades con recursos limitados”. Esta suele ser la definición que los estudiantes de economía reciben su primera clase de Introducción a la Economía. Y es una muy buena definición, porque ilustra claramente tres conceptos importantes para el estudio de la economía: la decisión, la escasez y los recursos. Esos tres elementos componen la ecuación que los economistas desde hace aproximadamente doscientos años buscan resolver. Como he dicho antes, el objeto de estudio de la economía eres tú, es decir tú como persona. Pero este estudio no se enfoca en ‘las personas’ cómo una categoría, sino en ‘el individuo’, por eso es que en economía muchas veces se habla de las dinámicas de toma de decisiones de los individuos. Utilizar el sustantivo ‘persona’ o ‘individuo’ es indistinto.

Y hemos llegado así al primer concepto importante para entender la perspectiva austriaca de la economía. Sólo los individuos toman decisiones. Si bien parece un razonamiento bastante intuitivo, y lo es, en algunos casos se nos olvida la importancia de esta proposición. Muchas veces se suele caer, por vicios del lenguaje, en afirmaciones del estilo: “El sindicato de docentes decidió entrar en paro indefinido”, “El Banco Central decidió subir la tasa de interés”, “La compañía decidió despedir a mil empleados”. Y si bien suelen hacer tremendos titulares, esas afirmaciones no son enteramente correctas. Ni el sindicato, ni el Banco Central, ni la compañía pueden tomar decisiones; solamente las personas están dotadas con la capacidad de elegir. Así que en muchos casos individuos específicos dentro de dichas organizaciones tomaron alguna decisión. Por ejemplo, en la junta del Banco Central un número de personas individualmente decidieron subir la tasa de interés; cada uno de ellos consideró como una política correcta subir la tasa de interés y si alguno de ellos no lo hizo, pues podríamos decir que bajo los estatutos se requiere que una mayoría de las personas que componen dicha junta individualmente quieran hacerlo.

Cada uno de nosotros constantemente esta ‘eligiendo’, estamos tomando decisiones. Pueden ser decisiones económicas o no. Podemos decidir trasnochar para estudiar o irnos a dormir, podemos elegir salir a comer a un restaurante o prepararnos nosotros mismos nuestra comida, podemos elegir a un candidato A sobre un candidato B para que nos gobierne. Para ilustrar está lógica voy a tomar un ejemplo. ¿Es correcto decir, “la Argentina decidió colocar deuda en el mercado”? El concepto de ‘deuda soberana’ es bastante interesante, los ciudadanos argentinos no decidieron colocar dicha deuda, lo hizo el Ministro de Economía y sus asesores. Si bien el pueblo argentino votó por un Presidente para liderar un gobierno, y ese Presidente designó a un Ministro de Economía, stricto sensu no se hizo ninguna votación para ver ‘qué opinaba el pueblo’ respecto a la colocación de dicha deuda. Esa decisión fue hecha por un individuo, el Ministro de Economía, en nombre de todo un pueblo para colocar deuda soberana, es decir deuda que adquirieron cada uno de los argentinos; no él a título personal, sino todos los argentinos. En este ejemplo, un poco extremo, se puede ver claramente que incluso una decisión que afecta a muchísimas personas es tomada por un individuo, porque Argentina como país, o ‘El Gobierno’, o ‘El Ministerio de Economía’ no decidió colocar deuda, lo hizo una persona; el Ministro.

Pero no es suficiente afirmar que la economía se dedica a ‘las decisiones’, también debe entender ¿Cómo y por qué los individuos toman decisiones? La respuesta a la primera pregunta, cómo, ha llenado innumerables páginas de estudios, artículos y libros respecto a la forma en que las personas toman decisiones. La respuesta tampoco es unánime así que hay muchísimas teorías respecto a la toma de decisiones, a mí en particular me gusta la enunciada por dos autores: Friedrich Hayek y Daniel Kahneman. No es necesario que estén de acuerdo conmigo, cada quien es libre de dar su respuesta a la pregunta ¿Cómo toman decisiones las personas? Pero creo que estos dos autores han hecho una buena labor.

Empecemos entonces por el trabajo de Kahneman contenido en su obra “Pensar rápido, pensar despacio”. Este libro está dividido en cinco secciones específicas, y la pregunta que uno podría decir que busca responder es: ¿Qué tan racionales somos los humanos? Para ilustrar su teoría Kahneman, psicólogo de profesión y ganador del Nobel de Economía en el año 2002 (junto a Vernon Smith), habla de dos sistemas que nuestras mentes poseen. Para facilitar las cosas nombró a dichos sistemas como sistema 1 y sistema 2. El sistema 1 está encargado del ‘pensar rápido’ está dedicado a las reacciones automáticas e instintivas y nos permite percibir el mundo alrededor, reconocer objetos y realizar asociaciones entre ideas. El sistema 2 por su parte está encargado de las funciones de ‘pensar despacio’ lo que incluye operaciones controladas y asociadas con la razón. Este sistema está activo desde que nos despertamos y suele estar “en reposo” o en modo de “bajo esfuerzo”. Los dos sistemas por supuesto están relacionados; el sistema 1 genera sugerencias para el sistema 2, estas sugerencias incluyen impresiones, intuiciones, intenciones y sentimientos. Si el sistema 2 acepta dichas impresiones éstas se convierten en creencias y motivan acciones voluntarias. El sistema 2 se activa cuando el sistema 1 no puede responder una pregunta.

Es momento de algunos ejemplos. El libro contiene varios ejercicios y demostraciones que ilustran el funcionamiento de ambos sistemas, a continuación voy a enumerar dos en particular para entender un concepto extremadamente importante en la teoría de Kahneman: la heurística o el sesgo de juicio. Cuando los dos sistemas entran en conflicto muchas veces tomamos decisiones en contra de lo que podríamos llamar el modelo del agente racional, esto sucede, entre otros casos; cuando tenemos un exceso de confianza, estamos cansados o nos sentimos relajados y dejamos en manos del sistema 1 el proceso de toma de decisiones.

Primer ejemplo. Mira las líneas que están abajo. ¿Cuál línea es más larga?mueller-lyerMuchos quizá respondieron que la línea de arriba es más larga, quizá aquellos familiarizados con esta ilusión, conocida como la ilusión de Müller-Lyer, afirmaron que ambas líneas son de la misma longitud. Sin embargo a pesar que nuestro sistema 2 pueda interiorizar el hecho que “ambas líneas tienen la misma longitud” (puedes medirlas con regla) parece inevitable que a primera vista nuestro sistema 1 tome el control y con su carácter automático e instintivo nos haga creer que en realidad la línea superior es más larga. Este conflicto entre ambos sistemas es lo que Kahneman llama heurística o sesgo de juicio.

Segundo ejemplo.

Un bate y una bola valen $1.10

El bate cuesta un dólar más que la bola.

¿Cuánto vale la bola?

Ya tienes la respuesta, ¿cierto? Tienes un número, y ese número es obviamente ¢10. En palabras de Kahneman “Lo distintivo de este pequeño acertijo es que evoca una respuesta que es intuitiva, atractiva y equivocada”. Pueden hacer los cálculos si lo necesitan. Si la bola costara ¢10 el costo total sería de $1.20, $1.10 del bate y ¢10 de la pelota. La respuesta correcta es ¢5. Para aquellos de ustedes que obtuvieron la respuesta correcta demuestra que por lo menos en este ejemplo pudieron contener a su intuición.

Estos ejemplos son formas bastante simples de comunicar una idea; el sistema 2 no siempre está activo, incluso cuando creemos que si lo está. Kahneman detalla en las secciones II y III de su libro ejemplos muchísimo más sofisticados que los enunciados aquí. La idea de los dos sistemas enunciados es una que hoy en día se encuentra generalmente aceptada en la comunidad psicológica, y es útil para demostrar ciertos aspectos de la toma de decisiones. El libro “Pensar rápido, pensar despacio” tiene una intención clara, demostrar que los modelos de personas utilizados en la economía ‘tradicional’ no son del todo validos; de aquí surge la distinción entre homo economicus (econs) y humanos (humans) que enuncia el autor en su obra. Es importante entender que durante muchos años la idea del hombre en el análisis económico fue aquella de un ser “racional, egoísta y [cuyos] gustos nunca cambian”, y la pretensión de Kahneman es demostrar que los humanos, como contraparte a los econs, tienen un sistema 1 y son susceptibles de recaer en sesgos de juicio. Y hasta aquí la intención es perfectamente válida. Parece evidente para muchos que las personas no se ajustan a este ‘modelo perfecto’ de un hombre.

Si bien existen puntos, y ejemplos, en dónde no estoy de acuerdo con los hallazgos de Kahneman si quiero dedicarle unas palabras adicionales a las conclusiones del libro. De lo enunciado por Kahneman es necesario destacar una idea, “si bien de nuestro trabajo […] se afirma que demuestra que las elecciones del hombre son irracionales, nuestra investigación solamente demostró que los humanos no son bien descritos por el modelo de agente racional”. Esta es una idea importante, los hombres tienen racionalidad limitada, pero es extremadamente incorrecto afirmar que son ‘irracionales’. Las personas, precisamente por ser personas tomamos decisiones racionales, incluso cuando surgen de nuestro sistema 1 que es más intuitivo (e impulsivo), al menos desde mi percepción es una paradoja afirmar que una decisión sea irracional. Ludwig von Mises en “La Acción Humana” habla en el capítulo 4 sobre racionalidad e irracionalidad y define a la acción humana como “necesariamente racional”, y si entendemos a la decisión como una acción humana (porque lo es) debemos aplicar los mismos principios que enuncia Mises; es decir que una persona no está en capacidad de juzgar los fines de una acción como irracionales por motivos superiores cómo la patria, la religión o la libertad. Adiciona Mises “Es arbitrario considerar solamente la satisfacción de las necesidades fisiológicas del cuerpo como ‘naturales’ y por lo tanto como ‘racionales’ y todo lo demás como ‘artificial’ y por lo tanto ‘irracional’”.

Todavía nos encontramos buscando una respuesta a la pregunta ¿cómo tomamos decisiones? Así que para continuar en este análisis, que mezcla economía y psicología, vamos a revisar las teorías contenidas en el libro de Friedrich Hayek, “El Orden Sensorial”. Si antes pareció que nos desviamos hacia la psicología en estos siguientes párrafos va a parecer que nos desviamos hacia la neurociencia, pero no se preocupen; todo tiene su motivo y es importante entender el orden sensorial para responder la siguiente pregunta ¿Por qué tomamos decisiones los individuos?

Lo primero que debemos decir es que nuestros cerebros son órganos extremadamente complejos y adicionalmente son sumamente estructurados. Son complejos por la naturaleza de las conexiones entre las fibras nerviosas y esas conexiones siguen una serie de reglas. Hayek distingue tres órdenes. El orden físico, el orden neuronal y el orden sensorial. El primero de ellos es el que usualmente identificamos con los eventos descritos y estudiados por las ciencias naturales, este orden es externo al cerebro y produce el segundo orden, el orden neuronal. La serie de conexiones entre las fibras nerviosas mencionadas anteriormente produce el orden sensorial que permite la experiencia de los fenómenos. El orden físico es diferente al orden neuronal y como tal necesariamente es diferente al orden sensorial; los dos últimos podrían ser descritos como isomorfos, es decir que sus naturaleza es diferente pero poseen características similares. William Butos y Roger Koppl en el artículo “Does The Sensory Order Have a Useful Economic Future?” ilustran en un gráfico la relación entre estos tres órdenes.

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Nuestro Sistema Nervioso Central (SNC) está conformado por fibras nerviosas, que se encuentran primordialmente en el cerebro y que llevan impulsos. Distinguen Butos y Koppl tres tipos de situaciones en que impulsos inducidos llegan al cerebro y cómo se comporta este frente a ellos.

  1. Impulsos inducidos eferentes (flujo de información hacía afuera del SNC) no guardan relación con los aferentes (flujo de información hacia el SNC). En este caso el sujeto no responde al entorno y podemos afirmar que ‘no está pensando’.
  2. Impulsos inducidos eferentes guardan relación simple y fija con los aferentes. En este caso el individuo responde al entorno de forma mecánica, mediante sus reflejos y por lo tanto podemos deducir que tampoco ‘está pensando’.
  3. Impulsos inducidos eferentes y aferentes guardan una relación compleja con el entorno, en un modo ‘superior’ al visto en las respuestas de los reflejos.

Estas relaciones entre recepción y emisión de información por parte del cerebro crean lo que Hayek llama “información mutua” y son las conexiones nerviosas las que crean reglas en el comportamiento del individuo. Precisamente por esto Hayek habla que el cerebro tiene una naturaleza dual: es un mapa y es un dispositivo de clasificación. Todos los flujos continuos de información mediante la actividad nerviosa generan un modelo del entorno y son interpretados por el individuo formando ‘el mapa’ que le permiten al individuo adaptarse al entorno percibido.

Nuestro sistema de conexiones entrelazadas pues es un sistema complejo y estructurado pero a su vez es sumamente dinámico. Existen dos formas en que nuestro ‘mapa’ crece mediante la experiencia: la filogenética y la ontogenética. La primera se refiere específicamente a los procesos de evolución y selección natural que moldean nuestras conexiones neuronales. La segunda se refiere a nuestra historia personal y nuestras experiencias. Podríamos afirmar que en un nivel más básico y primitivo se encuentra la influencia filogenética y en los casos de estructuras de pensamiento más sofisticado nuestras conexiones neuronales se ven afectadas por modificaciones ontogenéticas. Existe un tercer factor que moldea nuestro ‘mapa’ y es la suerte.

De lo que hemos visto hasta ahora cómo ideas específicas sobre la forma en que las personas toman decisiones en las teorías de Hayek y Kahneman podemos más o menos ilustrar esta lógica expuesta en una cierta combinación de ambas. Dentro de la tercera situación de impulsos inducidos sería posible incorporar los sistemas 1 y 2 y decir que en estas relaciones complejas entre el orden sensorial y el orden neuronal emerge claramente que nuestro cerebro tiene unas reglas de funcionamiento adquiridas de forma filogenética, nuestro sistema 1 actúa en situaciones específicas que no requieren dedicar muchos recursos a conectar ideas y nuestro sistema 2 entra en juego cuando es necesario realizar cálculos y tomar decisiones con más variables en juego. Eso que Kahneman identifica cómo los sistemas es una profundización en la idea de Hayek sobre las reglas de conexiones neuronales, con la nota que ambas ideas fueron expuestas con varios años de diferencia.

Cuando nos encontramos frente a una encrucijada y debemos decidir, en algunos casos parece extremadamente simple, pero es porque damos por sentado nuestro sistema 1 y como tal no entendemos todo lo que ha tenido que suceder y todo lo que sucede en ese momento. En muchos casos simplemente damos por sentado nuestra capacidad de decidir, y en muchos casos académicos consideran que tener pocas posibilidades de elección es muchísimo mejor, como expresa Barry Schwartz. Pero lo cierto del caso es que explicar el cómo tomamos decisiones puede ser en ocasiones una tarea titánica, ¿Consideramos siempre los costos y los beneficios? ¿Nos encontramos siempre en el mismo entorno? La respuesta es no. Y creo que aquí es donde el trabajo de Hayek y Kahneman cobra una validez grande para el estudio de la economía, porque nos demuestra que esos cánones generalmente aceptados en algunos casos se cumplen, pero en otros no. Nuestra racionalidad es limitada y a medida que vamos descubriendo qué expectativas arrojan resultados positivos vamos moldeando nuestra forma de tomar decisiones. Nuestro cerebro sigue unas reglas pero es de naturaleza mutable y al mismo tiempo estable, mientras que nos encontramos tomando la decisión estamos ante una situación de estabilidad y convicción en nuestras expectativas pero ni bien tomamos la decisión todo nuestro tejido neuronal y nuestro ‘mapa’ cambian, y de esa forma podemos identificar características positivas que mantenemos en nuestra toma de decisiones y descartar aquellas que no cumplen con nuestras expectativas.

Ya que tenemos un relativo entendimiento del cómo tomamos decisiones revisemos ahora el por qué. Gene Callahan en su libro “Economics for real people” tiene un gran ejemplo para ilustrar este concepto. Imagina que te encuentras en una playa acostado en una hamaca, no hay nadie a kilómetros, el sol está calentando a la temperatura exacta, hay una leve brisa que te refresca, el paisaje inmejorable; la playa es de arena blanca y el agua del mar es cristalina. Sin embargo de repente escuchas el zumbido que rompe con el silencio, la paz y la quietud de la playa. Podríamos decir que ese sonido es molesto para ti, y que sin duda estarías más relajado si no existiera. Identifica Callahan el primer componente de la ‘acción humana’ la insatisfacción; yo en particular prefiero el sustantivo ‘inquietud’, pero es materia de gustos. Continúa diciendo que para poder actuar es necesario encontrar la causa de dicha insatisfacción. Si bien es el sonido, ese sonido es el efecto de otra causa; así que si fuera un avión pasando encima de ti, no habría mucho que hacer y no actuarías. Pero si en cambio te das cuenta que es un mosquito, te enfrentas a una decisión ¿Dejas tu cómoda posición en la hamaca para ahuyentar o matar al insecto o simplemente te quedas ahí puesto que fuiste a la playa para relajarte y no para andar matando mosquitos? Así que lo que motiva una decisión es un estado de inquietud, nos encontramos ante una posibilidad que a priori podría parecer mejor y nos enfrentamos con la tarea de decidir si actuar o no. Sobre esto Butos y Koppl afirman: “La construcción que hace nuestra mente sobre la realidad es una interpretación coherente, y surge de las reglas específicas de la operación de nuestra mente. Esta interpretación es incompleta y por tanto el comportamiento que soporta no generará una completa conformidad y compatibilidad con el entorno.” Es esta característica la que motiva nuestra construcción del conocimiento y nuestras acciones mediante ensayo y error. Sería incluso posible decir que la ‘inquietud’ esta incrustada en nuestros tejidos nerviosos en el cerebro y motiva nuestra constante búsqueda de mejoramiento de las condiciones propias.

La toma de decisiones hecha por el individuo, cómo ya vimos, implica que el estudio de la economía deba ajustarse a las dinámicas del cómo y el por qué. Es por esto que es tan difícil analizar la economía y las relaciones entre individuos tomando como base el constructivismo racionalista de las ciencias naturales que pueden utilizarlo no porque sean más avanzadas, pero porque manejan fenómenos más simples que los de las ciencias sociales. Hayek afirma en el Orden Sensorial que es imposible para la mente humana explicarse a sí misma. Existen límites lógicos necesarios. Butos y Koppl indican: “Dado que una de las características de nuestra mente es la de ‘dispositivo de clasificación’ hace que ‘esta sea más compleja que cualquier objeto que clasifica. Cómo seres humanos solo podemos explicar fenómenos que son más simples que nosotros mismos, cuando evaluamos fenómenos complejos podemos dar explicaciones vagas y generales [;] […] esta limitación existiría incluso si nuestra mente fuera infalible.”

A medida que nuestros niveles de pensamiento se van sofisticando y tornándose más complejos y matizados, nuestras reglas deben adaptarse a dichas condiciones, esa adaptación hace de las reglas tácitas. Un buen ejemplo es un tenista en medio de un punto, sus movimientos fluyen y no existe una determinación consciente del siguiente movimiento. En relación con el estudio de la economía y estas reglas sofisticadas debemos analizar las expectativas. Para entender las expectativas debemos aceptar que el individuo es un fenómeno complejo enmarcado en un entorno complejo, existen pues cuatro características de las expectativas enunciadas por Hayek: Primero. Se basan en una ignorancia de la realidad, porque nuestra mente genera una representación incompleta del entorno. Segundo. Son una derivación del conocimiento producto de nuestro ‘aparato de clasificación’ en dos niveles; uno tácito y uno consiente, y son producto de los datos sensoriales. Tercero. La actitud cognitiva es un método de adaptación, una concordancia entre nuestras expectativas y el resultado permite evaluar una teoría y fortalece las conexiones neuronales dedicadas a la comprensión de ésta; si nuestras expectativas no se cumplen se genera una revisión. “Las expectativas son auto-correctivas y tiene una visión hacia el futuro en el que las expectativas inapropiadas son eliminadas por el individuo, solamente.” Cuarto. Las expectativas guardan relación con los hábitos, las prácticas, normas y tradiciones de la sociedad. Éstas son las normas sociales que gobiernan la acción y pueden ser producto tanto de una evolución social como biológica.

El análisis de la naturaleza de las expectativas es extremadamente útil para el estudio de la economía, pues nos permite entender la capacidad de adaptación del individuo a las normas sociales. Esa internalización de las expectativas moldea completamente la forma en que tomamos decisiones y la fortaleza institucional de las normas sociales en un momento dado facilitará que las personas se adapten adecuadamente a nuevas situaciones. Las reglas de filtrado determinan a los individuos y los resultados del mercado con sus consecuencias no intencionadas pueden ser desordenadas e incluso indeseables si las personas no tienen una comprensión clara de las reglas sociales. En muchas ocasiones, por la limitación misma de mente humana los patrones de análisis clásicos de la economía no pueden ilustrar la forma en que los individuos y los mercados solucionan la falta de entendimiento y de información, es precisamente esta forma de comportarse de los individuos la que genera un red dinámica y entrelazada de conocimiento tácito con los pares.

En este artículo pretendí explicar el origen del primera proposición de la Escuela Austriaca para entender las dinámicas económicas. Revisamos las imposibilidad que tienen entes diferentes a los individuos para ‘elegir’, luego evaluamos la forma en que se toman decisiones y el impacto que eso tiene para el estudio de la economía. Después de tantos conceptos, ejemplos y teorías podemos llegar a la conclusión que el estudio del individuo y las decisiones que toman parece ser más difícil de lo inicialmente pensado, a su vez demostramos hasta cierto punto la imposibilidad de utilizar el positivismo racionalista en la tarea de la economía. Todos estos conceptos nos serán útiles para entender las dinámicas de mercado, el intercambio y el surgimiento de instituciones sociales mediante el orden espontáneo, temas que iremos tratando en los artículos por venir en esta serie.


Bibliografía

  • Callahan, Gene. 2004. Economics for Real People. Auburn : Ludwig von Mises Institute, 2004.
  • Does The Sensory Order Have a Useful Economic Future? Butos, William N. and Koppl, Roger G.
  • Hayek, Friedrich August. 1952. The Sensory Order. Chicago : The University of Chicago Press, 1952.
  • Kahneman, Daniel. 2011. Thinking, Fast and Slow. New York : Farrar, Straus and Giroux, 2011.
  • von Mises, Ludwig. 1998. Human Action. Auburn : The Ludwig von Mises Institute, 1998.

Imagen: Antelejo – Zé Pedro Alvarez

Ello | Source @zepedroalvarez – @ElloPhotography

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