Trago_old_fashioned

abril 16, 2015 12 min para leer

No soy un (neo)conservador, soy un ‘Old-fashioned’

Categoría : Libertarismo

La historia del Old-fashioned es bastante interesante, es uno de los cocteles más antiguos; de más está decir que es mi favorito. Surgió inicialmente como un coctel alrededor de la década de 1860 y fue una gran forma de evadir la prohibición en Estados Unidos; las personas mezclaban el whiskey o bourbon con azúcar, naranja y amargo de angostura para hacerlo parecer más al té helado y poder disfrutar de una buena bebida después de un arduo día de trabajo. Así que no hay mejor forma de protestar en contra de la prohibición al alcohol, que tomándose un buen Old-fashioned. Debería ser nombrado el coctel libertario (o liberal clásico) por excelencia.

Si bien quisiera que este fuera un blog de cata de vinos y licores, lamentablemente no lo es. Pero me gustaría tomar el caso del ‘Old-fashioned’ porque me parece la mejor forma de expresar mi forma de ver la vida y la política; y además porque no pude resistirme a hacer una referencia al coctel que más disfruto en mi página. Old fashioned puede ser traducido de forma bastante literal como ‘pasado de moda’ y creo que no he escuchado más veces alguna descripción respecto al liberalismo clásico que: es pasado de moda, es algo viejo y que no tiene aplicación hoy en día. Por fortuna, el liberalismo clásico y el libertarismo, como hizo el ‘Old-fashioned’ en 1970 o en el nuevo milenio, han hecho su regreso triunfal.

Tal como un ‘Old-fashioned’ no es lo mismo que un ‘Manhattan’ aunque el ingrediente principal de ambos sea el whiskey de centeno o de maíz; ser un libertario no es lo mismo que ser un (neo)conservador aunque pueda parecer que tienen objetivos e ideales similares. Lamento decepcionarlos, pero nunca me he considerado un conservador. Nunca he comulgado con sus ideales, nunca me he sentido parte de dicho colectivo, nunca he entendido sus objetivos o su aproximación a la política y al manejo del poder. Y aunque hoy en día dentro de muchos círculos libertarios hay una gran presencia de neocons, yo no puedo identificarme plenamente con sus ideales.

Yo antes que nada respeto los principios y las posiciones políticas de las personas. Tengo amigos de todas las orientaciones políticas; uno de mis mejores amigos es en realidad un colectivista sin remedio (pero estoy tratando de convencerlo de unirse al lado oscuro), tengo varios amigos conservadores moderados y mi hermano (al menos por ahora) es un conservador bastante autoritario. Mis diferencias con ellos me han permitido tener discusiones intelectuales de muy alto nivel y poder pulir mis posiciones y entender las visiones y los argumentos de diversas corrientes políticas. Y la verdad no tengo nada en contra de los (neo)conservadores, y no me incomoda que hagan parte de una red de conocimiento libertaria; pero si me parece importante dejar en claro que en muchas ocasiones pueden existir diferencias (muy) grandes y que por la misma naturaleza de nuestros respectivos principios fundamentales la relación encuentre baches.

Si hay algo que buena parte, por no decir todos, los libertarios podemos afirmar es que no nos gusta que nos digan que somos “de derecha o de izquierda”. Casi siempre respondemos con alguna frase del estilo: “No exactamente, no hay forma fácil de describirme como de izquierda o de derecha. En algunos casos podría decirse que favorezco lo tradicionalmente conocido como derecha, y en otros casos como izquierda” El libertario que me diga que nuca le ha pasado esto, y que nuca respondió con alguna derivación de la frase anterior, puede encontrarse en dos situaciones; o vive bajo una piedra o está mintiendo. A mí en particular en muchos casos me ha sucedido que sin pudor alguno la gente me cataloga como “un tremendo conservador” y aunque no puedo decir que me molesta, si resulta algo incómodo para alguien que nunca se ha identificado a si mismo con los ideales conservadores. Del mismo modo que no me gusta que digan que soy de derecha (pues en la mayoría de ocasiones dirán eso), tampoco me gusta que digan que soy un conservador. ¿Por qué sucede esto? Porque la gente tiende a dividir las posiciones políticas en dos grandes grupos: Derecha; que favorece a los ricos, que prefiere la libre empresa, que no quiere la intervención del estado y que desea mantener el ‘status quo’. E Izquierda; que favorece a los pobres, que prefiere la intervención del estado para la redistribución de la riqueza, que defiende la libertad de expresión, las uniones homosexuales y la legalización de las drogas. Los libertarios contamos con la mala fortuna que coincidimos en algunos elementos con ambos grupos.

Esa es la verdadera lucha de los libertarios. Queremos ayudar a todos, sean ricos o pobres; pero que cada quien se ayude a sí mismo sin la intervención del estado y que aquellos que deseen recibir ayuda lo hagan mediante entidades privadas. Queremos que se defiendan los derechos de propiedad, la libre empresa y la libre competencia y así todos obtienen los frutos de su trabajo. Defendemos, incluso más de lo ‘normal’ la libertad de expresión; para todos. No nos incomoda lo que la gente haga entre sus sábanas, algunos incluso proponemos eliminar la figura del matrimonio civil y que cada quien se case mediante un contrato ante su conciencia o religión. Y, spoiler alert, defendemos la legalización (en algunos casos total, como es el mío) de las drogas. Esto causa cortocircuitos con la mayoría de las personas porque la gente no puede ubicarnos en las convenciones políticas tradicionales de la derecha y la izquierda; y esto a su vez causa que los de derecha nos acusen de ser unos progresistas incorregibles, y los de izquierda nos acusen de ser unos desalmados capitalistas.

Si me parece importante dejar en claro que en muchas ocasiones pueden existir diferencias muy grandes y que por la misma naturaleza de nuestros respectivos principios fundamentales la relación encuentre baches.

Ahora bien, no pretendo que esto se convierta en una diatriba contra los (neo)conservadores ni mucho menos. Pero si me parece importante dejar en claro las similitudes y diferencias entre lo que se podrían catalogar como libertarios y neocons, y las razones por las cuales no soy un conservador y porque sí soy un ‘Old-fashioned’; un pasado de moda. Para esto voy a utilizar como referencia dos textos específicos. Para tratar de entender un poco más sobre conservadurismo voy a enfocar mi análisis en las ideas de Michael Oakeshott expresadas en su ensayo, “¿Qué es ser conservador?” el cual considero un gran texto y me parece que puede sentar claramente las razones de la renovada cercanía entre conservadurismo y libertarismo. Y por otro lado tomaré algunos conceptos del ensayo escrito por Friedrich Hayek, “Porque no soy conservador”.

Empecemos por las similitudes. Tal como indica Oakeshott, el conservatismo (utilizaré indiscriminadamente conservatismo y conservadurismo) en relación con la política implica una serie de creencias acerca de la actividad de gobernar y los instrumentos de gobierno, y esto no implica que se deban tener creencias específicas respecto al universo en un sentido conservador. Hasta aquí, nada raro. La función de gobernar, al menos ex ante, no tiene nada que ver con un orden providencial, la moral o la religión. Frente al gobierno, la actitud conservadora es de lealtad, más que de amor, devoción o afecto. En ese orden de ideas el conservadurismo debería propender por tomar una posición de limitación frente al gobierno y del mantenimiento de una estructura acorde. Bajo los argumentos de Oakeshott, es perfectamente comprensible que los conservadores sientan una cierta identificación con los liberales radicales o libertarios, si lo que buscan es mantener al gobierno dentro de unos límites determinados, cuya “función consiste en mantener a sus súbditos en paz desarrollando las actividades que ellos han elegido en búsqueda de la felicidad”, encuentran en pensadores libertarios cantidad suficiente de argumentos, bibliografía y generación de pensamiento al respecto.

El texto “¿Qué es conservador?” también ahonda en el comportamiento conservador como una ‘forma de ver la vida’ que se materializa en la actitud fundamental de oponerse a los cambios radicales, y saber adaptarse a ellos. Aquí es donde comienzan las diferencias. Afirma Oakeshott que la razón de evitar el cambio podría manifestarse como una propensión a evitar el riesgo que el rompimiento de las estructuras sea mucho mayor al avance en términos del cambio. Hayek expresa de excelente manera que esta forma de pensar es diametralmente opuesta a la de los libertarios. Esa idea de mantener las fuerzas del cambio ordenadas puede generar contravenciones para el progreso. Dice Hayek, “Para el conservador el orden es, en todo caso, fruto de la permanente atención y vigilancia ejercida por las autoridades; éstas, a tal fin, deben disponer de los más amplios poderes discrecionales, actuando en cada circunstancia según estimen mejor, sin tener que sujetarse a reglamentos rígidos.” Es decir que el estado debe ser el depositario del mantenimiento del orden, y en esa tarea puede llegar a sobredimensionar su capacidad y exceder sus funciones.

Frente al gobierno, la actitud conservadora es de lealtad, más que de amor, devoción o afecto.

La diferencia fundamental expuesta anteriormente naturalmente genera actitudes diferentes ante el estado y el poder gubernamental. El (neo)conservador prefiere mantener la autoridad en un marco determinado, el libertario prefiere ver la autoridad debilitada. Parece una diferencia pequeña y sutil, pero no lo es. El origen del deseo de mantener al estado ‘tal como está’, preservando su identidad es la base de la actitud conservadora, “se prefiere lo familiar a lo desconocido […], lo conveniente a lo perfecto” diría Oakeshott. Y esa actitud provoca la siguiente gran diferencia (sutil de nuevo) entre los neocons y los libertarios; la preocupación para el conservatismo no es cómo limitar los poderes del gobierno, para incluso llegar a reducirlos, sino quien ejerce el poder. Y precisamente por esto es que al gobierno se lo ve cómo aquel figura que debe introducir un ingrediente de moderación en las actividades de las personas demasiado apasionadas. Hay un pasaje en específico del texto de Oakeshott que ilustra perfectamente esta idea: “En resumen, si se le pregunta a una persona de actitud conservadora: “¿Por qué razón los gobiernos deben aceptar la diversidad de opiniones y actividades que hay en vez de imponer a sus súbditos un sueño propio?”, le bastará con responder: “¿Y por qué no? Sus sueños no son diferentes de los de las demás personas, y si es aburrido tener que escuchar la repetición de los sueños de los demás, es intolerable que se nos obligue a revivirlos. Toleramos monomaniacos, es nuestro hábito hacerlo; ¿pero por qué debemos ser gobernados por ellos?”. Ante esto un libertario tiene poco por decir.

Entonces las diferencias parecen ser irreconciliables. Los conservadores ven hacia el pasado como una forma de entender el manejo ordenado de las fuerzas sociales, y los libertarios evitan ver al pasado (incluso cuando las políticas liberales radicales fueron implementadas) cómo épocas de gloria a las que debemos volver. Para nada. Siempre hay algo más por hacer y siempre como libertario se debe estar mirando hacia adelante, hacia el siguiente cambio, el siguiente avance, el siguiente movimiento. Lo anterior no implica que “lo nuevo siempre sea mejor” (new is always better) frase muy usada por el personaje Barney Stinson en la serie de televisión How I Met Your Mother. Hayek ataca muy bien esta mala interpretación del ideario liberal al decir “No es que lo nuevo, por su novedad, le atraiga; pero sabe que es típico del hombre buscar siempre cosas nuevas antes desconocidas, y por eso está siempre dispuesto a examinar todo desarrollo científico, aun en aquellos casos en que le disgustan las consecuencias inmediatas que la novedad parezca implicar.”

Barney Stinson – How I Met Your Mother

Por estas y por muchas otras razones no me considero un (neo)conservador. Yo creo que el hombre es un ser dinámico, que cambia por muchos motivos y no veo el pasado como un ideal dorado al cual preferiría volver. Tampoco creo que debamos mantener el orden actual y limitar las funciones del gobierno simplemente, la verdad no podría decir que me gusta cómo están las cosas; y tampoco me gusta como estaban hace unos años. No puedo ver hacia el pasado y decir “¡Sí! Volvamos a eso”. Y si bien estoy seguro que las fuerzas sociales y los cambios que generan están por fuera del control del poder estatal estoy seguro que los cambios hacia el futuro deberán contribuir a un orden espontaneo en el cual las personas puedan desarrollar sus actividades libremente. El entendimiento de las dinámicas sociales es complicado, muy complicado; y siento que es incorrecto pensar que existe la posibilidad que hombres con entendimiento superior de la naturaleza humana sepan incorporar “decencia y virtud” al gobierno mientras esparcen moderación a través de la sociedad. Una actitud libertaria implica la aceptación que no conocemos las respuestas para una sociedad moderada, incluso podríamos decir que no estamos siquiera seguros de las respuestas que tenemos hoy en día. Pero más importante aún, que no podemos obtener todas las respuestas.

Soy un ‘Old-fashioned’ porque me gustan cosas que podrían considerarse “pasadas de moda”. Escucho mi música en vinilo; prefiero leer el periódico, con su maravilloso e inconfundible aroma a plomo, antes que las noticias en línea o en mi iPad; me encanta fumar puros y me encanta sentarme a pensar mientras fumo mi pipa; soy pasado de moda porque me gusta tomar ‘Old-fashioned’ un coctel que hoy en día parece ser muy difícil de conseguir en la mayoría de los bares. Pero no veo hacia los tiempos del vinilo, el periódico, la pipa, y el ‘Old-fashioned’ cómo el modelo a seguir. La vida no tiene un manual de instrucciones, no tiene reglas o recomendaciones de uso. Es impredecible, y por eso es tan terriblemente maravillosa. Porque el mañana, por más desconocido que pueda parecer traerá nuevos retos. Creo que por eso soy tan cercano a la filosofía Zen, por ser libertario. El budismo Zen nos enseña que debemos fluir por la vida, que quedarnos adorando tiempos pasados y buscando una vida estática y estructurada es contrario a nuestra naturaleza, y a la naturaleza de la vida, pues el mundo inevitablemente cambia no hay nada que podamos hacer al respecto. Como libertarios debemos ver hacia el futuro, y tratar materializar nuestros deseos. Todo mientras que nos preguntamos ¿Hacia dónde vamos?, no ¿Qué tan rápido o qué tan lejos?; todas estas respuestas pueden estar a un par de ‘Old-fashioned’ de distancia.


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